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Las predicciones sobre el aumento en las próximas décadas de casos de la enfermedad de Alzheimer
El alzhéimer es una de las grandes preocupaciones sanitarias del siglo XXI. La enfermedad, la forma más frecuente de demencia, «trastorno neurocognitivo mayor» en la nueva denominación, implica un enorme impacto personal, y además familiar, social y económico.
La investigación reciente sitúa al alzhéimer entre las patologías con mayor «carga global de enfermedad»: en las personas mayores de 80 años hace perder cada año, por discapacidad o muerte prematura, entre 3.000 y 7.000 años de vida saludable por cada 100.000 habitantes.
Los estudios epidemiológicos europeos Eurodem, con la participación de Zaragoza, mostraron cómo la prevalencia del alzhéimer aumenta drásticamente con la edad: antes de los 65 años la frecuencia es inferior al 1 %, mientras que a los 90 años alcanza el 25 %. Debido al progresivo envejecimiento de la población esa relación del alzhéimer con la edad hizo saltar las alarmas. El influyente estudio internacional GBD (Global Burden of Disease), coordinado desde la Universidad de Washington, proyecta un fuerte aumento de casos en las próximas décadas. En España se calcula que actualmente padecen alzhéimer entre 480.000 y 660.000 personas mayores de 65 años, y las estimaciones para 2050 elevan la cifra hasta entre 720.000 y 1,19 millones.
Las predicciones sobre el aumento en las próximas décadas de casos de la enfermedad de Alzheimer han hecho saltar las alarmas
Pero ¿son inevitables estas previsiones? La investigación reciente invita a una visión menos alarmista. En el año 2007 publicamos un hallazgo inesperado del Estudio Zarademp: en Zaragoza, la prevalencia de las demencias no aumentaba y entre los hombres había disminuido de modo significativo. Era la primera vez que se documentaba en la bibliografía internacional un descenso de la frecuencia de la enfermedad en población general. Unos años después, investigadores de Cambridge y otras universidades confirmaron tendencias similares. Con ellos publicamos en 2017, en Nature Reviews la revisión de 14 grandes estudios internacionales: la incidencia y prevalencia del alzhéimer y otras demencias se estaba reduciendo, hipotetizándose como motivo las mejoras educativas, sanitarias y de estilo de vida.
La Comisión Lancet sobre demencia reforzó esta idea en 2024 al señalar que hasta un 45 % de los casos podrían prevenirse actuando sobre factores de riesgo modificables. Entre ellos destacan la baja escolarización; en edad media, la sordera, el colesterol elevado, la depresión, el sedentarismo, la diabetes, el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad, y el exceso de alcohol; y en los mayores, el aislamiento social, la contaminación atmosférica y la pérdida de visión. Por tanto, combatir estos factores puede desempeñar un papel decisivo, que dependerá de las autoridades sanitarias, pero también de los individuos.
Pero la investigación reciente, incluidos los estudios realizados en Zaragoza, invita a una visión más optimista
A esa perspectiva más optimista se suma el avance terapéutico. En EE. UU. ya han sido aprobados nuevos fármacos como lecanemab y donanemab, anticuerpos monoclonales dirigidos contra la proteína amiloide, que han mostrado beneficios cognitivos en fases iniciales de la enfermedad. Además, decenas de medicamentos continúan en ensayos clínicos avanzados. Y el avance en los métodos sociales y rehabilitadores ha sido igualmente importante, en buena parte con el apoyo de asociaciones de familiares.
Por tanto, la investigación biomédica, la prevención y las nuevas terapias permiten contemplar el futuro del alzhéimer con más esperanza que la que ofrecían las predicciones más pesimistas de hace apenas dos décadas.
Fuente: Heraldo de Aragón




