Grupos_DGA Bases reguladoras y convocatoria para la concesión de subvenciones destinadas a fomentar la actividad investigadora de los grupos de investigación para el periodo 2026-2028
22 abril, 2026
El Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa acoge una nueva edición de las «Sesiones de los jueves» del servicio de medicina interna
24 abril, 2026A Marta Marín, neumóloga; Alba Medina, enfermera oncológica; e Ismael Perisé, biotecnólogo, les une una misma vocación. Con motivo del Día de Aragón, lanzan varias reivindicaciones para un sector «altamente competitivo» que implica mucha dedicación y poca estabilidad
Tienen entre 27 y 35 años y a los tres les une una misma vocación: poder aportar cualquier avance a la investigación médica que revierta en la mejora de la calidad asistencial y del paciente de la sanidad pública.
Ellos son Marta Marín, neumóloga del Hospital Miguel Servet, investigadora clínica y profesora de la Universidad de Zaragoza; Alba Medina, enfermera oncológica del Instituto de Investigación Sanitaria Aragón; e Ismael Perisé, biotecnólogo e investigador predoctoral del glioblastoma. Son protagonistas este 23 de abril, Día de Aragón, por su dedicación a un sector profesional que entraña «muchas horas» y que compaginan como buenamente pueden.
Ismael Perisé, el más joven de los tres, logró hace dos años y medio una prestigiosa beca de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) para poder desarrollar su tesis y buscar nuevas estrategias terapéuticas contra el tumor cerebral más agresivo. La oportunidad de trabajar en este campo surgió al poco de acabar el Máster de Biología Molecular y Celular en la Universidad de Zaragoza. «Pedí tanto la beca de la DGA como la de la AECC para hacer el doctorado. En la primera me quedé en lista de espera y con la segunda, que se resolvió poco después, tuve suerte», cuenta.
Ahora trabaja en el Grupo de Microentorno Tisular (TME Lab) que dirige Ignacio Ochoa Garrido, en el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón). Cree que en Aragón hay una «buena cantera» de investigadores y líneas «muy interesantes», pese a que son grupos más pequeños y que, en su mayoría, gozan de menos presupuesto que en las grandes ciudades. «Simplemente por el número de personas, a veces destacan más investigaciones que vienen de Madrid o Barcelona, pero aquí en Aragón, de vez en cuando, sale alguna noticia de avances importantes que se han hecho y que son para sacar pecho», defiende.
En el lado negativo de la balanza pone la falta de estabilidad a la que parecen condenados muchos investigadores al acabar su tesis. «Cuando terminas tienes que buscar la forma de seguir en este mundillo y no es fácil. Por no hablar de la dedicación que conlleva».
Perisé dedica a su tesis ocho horas diarias, a lo que se suma el tiempo de congresos y alguna que otra visita en fin de semana al laboratorio para que sus experimentos no mueran. «Trato de estandarizarlo para no pasarme y hacer muchas horas que no dedicas a otros aspectos de tu vida. Porque en términos absolutos no está pagado. Hay muchos trabajos en los que cobraríamos más con nuestro nivel de formación, pero a la mayoría de los que trabajamos en esto, y me incluyo, nos encanta lo que hacemos», afirma Perisé, que lanzó hace un año un canal divulgativo en redes sociales (@cienciaconisma) para demostrar que «la ciencia también puede ser entretenimiento».
La zaragozana Marta Marín, de 35 años, compagina su labor asistencial como neumóloga del hospital Miguel Servet de Zaragoza con la docencia como profesora del Grado en Medicina de la Universidad de Zaragoza. Además, es presidenta de la Sociedad Aragonesa de Aparato Respiratorio (Sadar) e investigadora principal del grupo PRES (de sus siglas en inglés ‘Precision Medicine in Respiratory Diseases’), que aborda patologías respiratorias como el cáncer de pulmón, la EPOC o la apnea del sueño.
Desde el año pasado es, además, miembro del consenso más importante a nivel mundial de patología respiratoria, uno de los «hitos más importantes» en su carrera, destaca. «No puedo andar metida en más cosas -bromea-. Dependiendo de la implicación y la vocación, das más o menos, y a mí, como me gusta lo que hago, me meto en todos los berenjenales que puedo«, confiesa esta neumóloga, que es madre de un bebé de 15 meses.
Para Marín, la investigación clínica per se no está remunerada, y es un sector profesional «altamente competitivo» que se mantiene en España gracias a la dedicación personal de muchos de ellos, que sacrifican en su mayoría momentos de ocio y horas de sueño. «Compaginar la parte clínica con la docente es complicado, y requiere muchas tardes trabajando en tu casa. La investigación es un sector muy competitivo donde tienes que pelear con otras personas buenísimas del país o del mundo para conseguir financiación y poder llevar a cabo un proyecto que te permita pagar los sueldos de tus trabajadores, y no está nada reconocido. A mí me paga la Universidad por tener un buen currículum y el Salud por mi trabajo en el hospital. Esa es la situación de la investigación clínica en España», recalca.
Cuando piensa en otras mujeres trabajadoras que, como ella, tratan de conciliar su vida familiar con su carrera profesional, a Marín le viene la imagen de una «superheroína», y confiesa que se hace «duro» cuando quieres formar una familia. «Hacer todas esas cosas a la vez no es fácil. Por eso, si tuviese que decir algo, quizás lo que más me enorgullece es ser la representación de la situación de muchas mujeres en este país donde tristemente, a día de hoy, se nos pide que trabajemos como si no tuviéramos hijos y que tengamos hijos como si no trabajáramos», subraya esta investigadora, que lidia cada día con esta dicotomía.
«Llegan las tardes y yo por las tardes quiero ser mamá, y las cosas a las que no llego las hago en mi tiempo libre o por la noche, cuando el bebé esta durmiendo», añade.
Su otro «aplauso» en este San Jorge, que pasará «de guardia» en el hospital, se lo dedica a sus compañeros de profesión, que afrontan desde lunes dos nuevas semanas de huelga en Aragón. «Hay dos formas de pagar a un trabajador: o le pagas en tiempo o en dinero. Y entendemos que una parte del sistema es la sostenibilidad económica. Pero no puede ser que a un colectivo que lo hemos dado todo en situaciones de necesidad, no se nos tenga en cuenta unas peticiones que son lógicas y nada extraordinarias. No queremos ser superhéroes ni más que nadie, queremos ser igual que los demás. Igual que yo respeto a la persona que me da el pan por las mañanas, quiero que a mí también se me respete y no se nos demonice por pelear por nuestros derechos», defiende Marín, que es hija de sanitarios y segunda generación «universitaria» en su familia.
«Mi padre es neumólogo y mi madre enfermera, los dos jubilados ya. Pero han sido personas muy implicadas, sin duda, en la medicina. Y mi deseo de trabajar en un hospital viene de ahí», confiesa.
Alba Medina, natural de Calanda, de 30 años, estudió enfermería en la Universidad de Zaragoza. Tras dedicarse varios años a la parte asistencial, ha descubierto su verdadera vocación en la investigación oncológica. «Mi inquietud por este campo nace buscando mejorar la calidad y seguridad asistencial del paciente. Siempre me ha llamado la atención investigar porque es la manera de que mejoren los servicios sanitarios«, sostiene.
Desde diciembre de 2023 está contratada por el Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón), en el marco de un proyecto europeo (4D Picture) que coordina el grupo de oncología médica del hospital Miguel Servet de Zaragoza. Su objetivo, cuenta, es tratar de humanizar los procesos y que se respeten las preferencias personales de los pacientes con cáncer en cuanto a tratamientos.
«Es un proyecto muy bonito, porque participan los profesionales del servicio oncológico, pacientes y familiares de enfermos que han pasado por este proceso y nos ayudan con lo que se llama ahora ciencia ciudadana», explica.
Medina coincide con el resto de investigadores en lo complicado que es compaginar la parte asistencial con la labor investigadora en España. Ella confiesa sentirse «afortunada» de tener un contrato, pero le gustaría ganar estabilidad -es de tres años- y que investigar no fuera casi la «excepción» a la norma en el ámbito de la enfermería.
«La enfermería es muy vocacional, pero dedicarte a la investigación suma un esfuerzo extra a lo que haces en tu día a día. Dentro de tu jornada laboral no tienes tiempo para desarrollar la investigación, y el que quiere investigar lo hace acosta de su tiempo«, puntualiza.
Este San Jorge, Día de Aragón, pide también a los políticos más «estabilidad para los jóvenes investigadores» y liberación de tiempo para quienes quieren hacer investigación clínica. «La investigación es un proceso al que hay que dedicar muchísimas horas para analizar, escribir y enviar los resultados a las revistas científicas. Veo, por ejemplo, a mi directora de tesis, y compaginar todo lo que hace es muy difícil. Inviertes muchas horas que no son recompensadas de ninguna manera. La recompensa llega cuando consigues publicar o encontrar algo que es útil y da calidad a la parte asistencial, esa es nuestra recompensa personal«, subraya esta enfermera, cuyas reivindicaciones son para beneficio del propio paciente.
«Esta semana estuve en unas jornadas y lo que se decía era precisamente esto. Todo lo que pedimos los profesionales es más por el enfermo que por nuestro propio beneficio: tiempo para atenderles bien, espacios y recursos para desempeñar bien nuestro trabajo. Una persona que cuida a otra tiene que saber, estar formada, tener espacios para poder desarrollar su actividad y asignación de horas para investigar, algo que podría ser extrapolable a la docencia», concluye esta joven investigadora.
Fuente: Heraldo de Aragón
Imagen: Marcos Cebrián




