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30 octubre, 2026Los neurólogos estiman que la supervivencia tras esta enfermedad neurológica ha aumentado un 30 % en los últimos tiempos y destacan la labor del colectivo de enfermería y trabajo social
En Aragón se registran cada año 2.800 ictus, lo que supone que cada día al menos siete personas sufren un ataque o derrame cerebral, incluidos los episodios transitorios, que no requieren ingreso. En los últimos años, la supervivencia ha aumentado casi un 30 %, pero aún así esta enfermedad le sigue costando la vida anualmente a cerca de 280 habitantes de la Comunidad.
Además, los neurólogos alertan de que cada vez estos accidentes cerebrovasculares son más frecuentes en edades medias, entre los 45 y 65 años, y cerca de un tercio de quienes sobreviven presenta secuelas que pueden generar dependencia y afectar a su vida familiar, social y laboral.
La Asociación Ictus de Aragón (AIDA) y los hospitales Miguel Servet y Clínico Lozano Blesa de Zaragoza han hecho esta radiografía rápida con motivo de la celebración el próximo jueves 29 de octubre del Día Mundial del Ictus. Una jornada en la que unen sus fuerzas para advertir de la importancia de la prevención y de ser capaces de identificar los síntomas y recibir una rápida asistencia. «Cuanto antes te atiendan más cerebro se podrá rescatar y, de alguna forma, menos serán las secuelas», sostiene Javier Marta, coordinador médico del Plan de Atención al Ictus de Aragón y jefe de Neurología Vascular en el Hospital Universitario Miguel Servet.
La incorrecta alimentación, el tabaco, la hipertensión arterial y el estrés son los factores que mayores riesgos añaden a la hora de sufrir un ictus. Unas variables que, explica el doctor Marta, también están relacionadas con el nivel socioeconómico y de estudios. Los colectivos más desfavorecidos suelen presentar menor familiaridad con los signos de alarma, «poseen menos recursos para buscar asistencia a tiempo y conocen menos el sistema sanitario», además de tener un menor acceso a hábitos de vida saludables.
En esta jornada se quiere concienciar sobre la importancia de la enfermería y el trabajo social en la atención y recuperación de las personas afectadas. Hay lesiones físicas que saltan a la vista, como la hemiparesia, la disminución de la fuerza muscular, el control o la destreza en la mitad del cuerpo, pero luego están las «secuelas invisibles» cognitivo-conductuales, que incapacitan al paciente para seguir haciendo su vida normal y volver al trabajo, especialmente a los enfermos más jóvenes.
«Algunas se relacionan con los problemas para hablar de manera correcta y expresar lo que uno quiere, para gestionar los afectos, ser capaz de planificar, de comprender, de estratificar y de generar una estrategia. Este tipo de labores que hace el cerebro a veces no funcionan después del ictus y las tenemos que rehabilitar», sostiene Carlos Tejero, neurólogo especialista en Ictus del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza.
Una de las líneas fundamentales del grupo de investigación de Neurociencias del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS) Aragón, con el doctor Marta como coordinador, es Ictus-cog sobre el deterioro cognitivo en paciente joven. Además, esta enfermedad tiene un importante impacto económico, con un coste estimado de 176.000 euros al año por paciente en el primer año, que en Aragón se traduce en 200 millones anuales. Una cantidad que incluye los gastos directos sanitarios y los indirectos derivados de las salidas del mercado laboral y las atenciones que tienen que recibir tanto especializadas como de sus familias que en la mayoría de ocasiones asumen su cuidado
El «duro golpe de realidad» que es la vuelta a casa
El trabajo social desempeña un papel fundamental desde la primera acogida, mediante la escucha, la valoración de necesidades, el asesoramiento y el acompañamiento en ese «duro golpe de realidad» que es la vuelta a casa tras la hospitalización, explica Ruth Ambrós, trabajadora social de la Asociación Ictus de Aragón. «En el hospital uno lo tiene todo adaptado, pero cuando regresas al hogar quieres fregar los platos y no puedes, llevabas los papeles del banco y se te ha olvidado», pone como ejemplos Ambrós.
«No se trata solo de recuperar capacidades, sino de que las personas puedan volver a participar en la sociedad, mantener sus relaciones y reconstruir su proyecto de vida. La rehabilitación y el acompañamiento social deben ir de la mano«, asegura.
La labor de enfermería es esencial desde los primeros momentos, pero también durante la recuperación. «Además de vigilar la evolución del paciente y prevenir complicaciones, acompañamos a las familias, resolvemos sus dudas y les ayudamos a prepararse para los cuidados después del alta», destaca Alberto Auré, profesional de enfermería de neurología del Hospital Miguel Servet.
El cometido clave de estos dos colectivos se abordará en el acto central del próximo jueves que se desarrollará en el Patio de la Infanta de la Fundación Ibercaja en Zaragoza (a las 17.00) bajo el lema ‘Enfermería y trabajo social en atención al ictus’. El encuentro concluirá con la entrega del premio Cerebro de Oro a Marta Sampériz, gerente del servicio de urgencias y emergencias sanitarias del 061 Aragón, en reconocimiento a su trayectoria y labor profesional.
Como actividad previa, AIDA instalará una carpa informativa el miércoles que viene, 28 de febrero, de 9.00 a 13.00, en el Parque Miraflores de la capital aragonesa, junto a su sede. Allí, se ofrecerá información práctica sobre cómo prevenir el ictus, se explicarán los principales factores de riesgo y se enseñarán a reconocer los síntomas de alarma.
La asociación cuenta actualmente con 766 asociados y 209 usuarios en rehabilitación. Hasta septiembre de este año, su centro de neurorrehabilitación ha llevado a cabo 18.864 intervenciones de fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología, a las que suman 1.316 atenciones desde el área de trabajo social. Además este 2026 ha desarrollado 26 charlas informativas en distintos puntos de la Comunidad.
Fuente: Heraldo de Aragón




