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Nombrado recientemente director científico del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón (IIS Aragón), el ginecólogo y obstetra Daniel Orós afronta una nueva etapa al frente de uno de los principales motores de investigación biomédica de la comunidad. Tras sus primeras semanas en el cargo, hace un balance “muy positivo” y señala como principal reto mantener el nivel de excelencia alcanzado por el instituto durante los últimos años.
En conversación con ARAGÓN PRESS, Orós reflexiona sobre la necesidad de fortalecer eltalento científico, atraer investigadores y consolidar proyectos de alto nivel. Considera clave generar estabilidad e ilusión entre los científicos para impulsar una investigación que acabe repercutiendo directamente en la salud de la ciudadanía.
Ha sido nombrado recientemente director científico del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón. ¿Qué supone para usted asumir este cargo y cuál es el balance este primer mes?
El balance es, de momento, muy positivo. Es un reto importante. Es una institución importante, grande, potente y muy bien gestionada hasta el momento, afortunadamente. Precisamente ese es el reto: seguir manteniendo el nivel de excelencia que Ángel Lanas ha conseguido en estos 15 años previos.
¿Cuáles son los principales objetivos que se marca?
Ahora el instituto es un instituto maduro que ya ha crecido. Lo que hay que hacer es seguir manteniendo el nivel de excelencia, asentar a los investigadores y ser capaces de desarrollar una investigación biosanitaria en Aragón de altísima calidad que pueda repercutir en el beneficio de la salud.
Existe una necesidad de fortalecer el talento investigador. En un contexto de fuga de profesionales, ¿qué medidas se deberían impulsar para retener y atraer científicos a Aragón?
Esto es un problema endémico de Aragón de toda la vida. Estamos muy cerca, para bien y para mal, de Madrid y Barcelona. Ya desde Ramón y Cajal, la gente con mucho talento se ha visto obligada a irse fuera para seguir desarrollándose. Las medidas son dobles. La primera es, como cualquier trabajador, una estabilidad laboral y económica, pero no solamente eso. También hay que generar ilusión porque en trabajos tan vocacionales como es la investigación, además de poder tener un salario y pagar la hipoteca, la persona que la desarrolla quiere tener un proyecto y una ilusión.
Creo que Aragón tiene que apostar por ser capaz de generar esa ilusión en los investigadores y en la gente de ciencia, para que piensen que aquí se pueden desarrollar proyectos y hacer cosas muy interesantes porque eso es lo más importante.
¿Cómo se puede generar esa ilusión?
Facilitando desde todas las instituciones, como el instituto, las organizaciones públicas, la universidad… un ecosistema investigador en el que, dentro de las normativas lógicas y coherentes, no se entorpezca, sino que se facilite. Al final, un proyecto de investigación no es muy diferente de crear un negocio. El entorno en el que te mueves, el marco y la atmósfera en la que te desarrollas pueden hacer que sea más o menos fácil el desarrollo de ese proyecto. Y un investigador va a querer ir a un sitio en el que vea que sus ideas van a ser más fácilmente plasmables en la realidad.
La captación de financiación es muy importante para cualquier instituto. ¿Qué estrategia se va a seguir para posicionarse en convocatorias tanto a nivel nacional como europeo?
Es muy importante. La investigación es un campo muy competitivo y la excelencia es clave. Es extremadamente competitivo, por lo que lo que tiene que hacer Aragón y el instituto es crear sinergias de colaboración entre grupos de investigación que ya son potentes, para ser aún más potentes. Eso permitirá acceder con capacidad competitiva a la captación de recursos tanto a nivel nacional, donde siempre se tiende a competir con los grandes núcleos como Madrid y Barcelona, como a nivel europeo.
A nivel europeo eso ya es la Champions. Ahí tienes que ir realmente con un equipo muy sólido. Tenemos esa estructura, simplemente hay que seguir desarrollándola. De hecho, ha crecido mucho últimamente y estamos bastante bien posicionados para estar a la altura de lo que se espera de una ciudad como Zaragoza y de Aragón.
Hablando un poco sobre usted, ¿cómo nació ese interés primero por la medicina y luego por su especialidad, la Obstetricia y Ginecología?
La idea de la medicina viene de una familia con muchos médicos. Mi abuelo era médico rural y lo vi desde pequeño trabajar como médico de pueblo, y ya me pareció que era un trabajo muy bonito. Mi padre era médico ginecólogo, mi hermana es anestesista, mi mujer es médica… En total habrá como doce o catorce médicos en mi familia cercana. He crecido en un ambiente en el que la medicina es algo habitual. He visto que mis familiares disfrutaban trabajando y pensé, y creo que acerté porque me sigue gustando mucho, que era una profesión bonita.
La Ginecología es una especialidad bonita y que se relaciona mucho con mi carácter. Yo más que Ginecología hago Obstetricia, que es el embarazo, y es evidente que la influencia de tener en casa a una persona que trabajaba en eso me hizo conocerla más de cerca y que me gustase más.
Como usted dice, ser médico es una profesión bonita, pero imagino que tiene sus momentos duros. ¿Cuáles son los retos que se plantean en este ámbito?
La medicina es intensa porque estás cerca del ser humano. El 90% es muy bonito porque te permite acceder a la humanidad de la persona y te permite ayudar. No hay nada más bonito que ganarte la vida ayudando a los demás en momentos malos porque desgraciadamente no siempre sale todo bien. Cuando algo sale mal se pasa mal, eso es evidente. Esa es la parte dura. Si te dedicas a la medicina tienes que asumir que te va a tocar de vez en cuando y que tienes que saber gestionarlo emocionalmente.
Los retos son de todo tipo. Hay retos laborales, que ahora mismo están sobre la palestra, y también retos científicos para poder adecuar la medicina a la sociedad actual. La sociedad está cambiando mucho. Estamos en una revolución industrial, algunos dicen que la cuarta, con la inteligencia artificial. Eso, como en todas las áreas comerciales o de negocio, va a hacer que cambie la medicina, y va a cambiar mucho.
Es investigador principal del grupo Placenta del Instituto. ¿Qué materia investiga?
El grupo Placenta se dedica a estudiar las enfermedades que ocurren durante el embarazo relacionadas con un mal desarrollo de la placenta. Fundamentalmente, es cuando el bebé no crece que es cuando sube la tensión arterial durante el embarazo o la prematuridad. Todas estas enfermedades tienen entre sus causas, no la única pero sí una de ellas, que la placenta, que es la estructura que alimenta al bebé a través de la madre, no funcione adecuadamente.
El grupo está formado por obstetras clínicos, gente del servicio de bioquímica clínica del Hospital Clínico y también biólogos. Tenemos líneas de investigación que van desde líneas muy clínicas, directamente relacionadas con el tratamiento clínico, hasta líneas más de laboratorio, centradas en el estudio de moléculas a nivel de biología. También tenemos un área de desarrollo de pruebas diagnósticas rápidas para ayudar a la práctica clínica. Digamos que intentamos abarcar, gracias a la estructura del grupo, todo el desarrollo que hay desde el laboratorio hasta la clínica, lo que se llama medicina traslacional.
Dedicarse a la investigación es un proceso largo…
Hay que tener paciencia. Un investigador tiene que tener un buen plan, mucha persistencia y mucha paciencia, porque es un proceso lento. Es muy difícil obtener resultados a corto plazo. Un proyecto de investigación, desde que empiezas a escribirlo hasta que tienes resultados publicables, puede tardar tres, cuatro o cinco años perfectamente.
¿Qué le diría a aquellos futuros médicos que quieran dedicarse al ámbito de la investigación?
Que es ilusionante. Además, la ventaja que tenemos los médicos es que puedes seguir manteniendo tu vinculación clínica y el contacto con el paciente, que es muy satisfactorio, pero puedes enriquecerlo mucho con ese punto de investigación.
La investigación te ayuda a estar mucho más al día porque tienes que leer y estudiar mucho. Te ayuda a indagar más en los problemas y, además, yo lo veo como la salida natural. A mí me gusta la investigación porque, pasando consulta, veo puntos de mejora y quiero mejorarlos. La forma de mejorar algo que haces todos los días es investigar cómo mejorarlo. Es una investigación muy aplicada y muy práctica: qué puedo hacer para mejorar algo que veo que aún no funciona al 100%.
También es docente en la Universidad de Zaragoza. ¿Qué le aporta estar en contacto con los futuros médicos?
Es muy bonito. Es ver otra faceta de la medicina, que es la formación. Estar en contacto con gente que tiene 18 o 25 años, que se está formando, aporta mucha ilusión. También te ayuda a generarte preguntas y a estar muy al día. Es una parte muy enriquecedora. Probablemente es la que te da más alegrías y menos disgustos, porque no suelen pasar cosas muy graves y es muy gratificante. Yo creo que las tres patas —investigación, docencia y asistencia clínica— son muy bonitas de cara a sentirte realizado como persona en tu actividad laboral.
Fuente: Aragón Digital




