La cura de muchos cánceres está en la nube

Década D de la Guerra contra el cáncer. Parte del año 4.
En el Día Mundial contra el Cáncer, el investigador Alberto Jiménez Schumacher reflexiona sobre la importancia de la bioinformática y el Big data en el tratamiento y diagnóstico temprano de la enfermedad.

La cura de muchos cánceres está en la nube

El cáncer, en esencia, es una enfermedad de nuestros genes. Con el tiempo, y ayudados por factores externos como el tabaco, se alteran algunos genes que hacen que se produzca un secesionismo celular. Las células se vuelven egoístas, enloquecen y acaban creciendo indefinidamente. Rompen el pacto social y se vuelven tumorales.

El cáncer es algo natural, consecuencia de ser organismos pluricelulares y de vivir. Evolución Darwiniana en modo turbo, llevada al extremo. Durante un tratamiento las células tumorales se rigen por la selección natural y solo las más adaptadas, las más resistentes a ese tratamiento, aguantan y crecen. Las células tumorales evolucionan para emigrar y colonizar a otros tejidos, las temidas metástasis, que evolucionan tanto que pueden terminar siendo muy diferentes al tumor del que partieron. Por eso es difícil tratarlas. Cuanto antes podamos poner tratamientos mejores respuestas, supervivencias y curaciones tendremos.

Decía Sun Tzu, en su libro milenario ‘El Arte de la Guerra’ que la mejor defensa es un buen ataque. ¿Y si pudiéramos anticipar cómo va a responder un tumor a un tratamiento? La tecnología para secuenciar, para leer, los 3.000.0000.000 de letras químicas que componen nuestro genoma se está abaratando y haciendo más sensible. El primer genoma vino con el siglo XXI, tardamos casi 15 años y costó 3.000.000.000$. Hoy podemos leer genomas en unas horas y el precio baja, hay quien lo ofrece por menos 300$. Con los consorcios de los genomas del cáncer, como el liderado por Carlos López Otín, comenzamos a descifrar el paisaje del naufragio genómico de muchos tumores. Y desde hace apenas un lustro empezamos secuenciar muchos tumores y sus metástasis. Empezamos a ver cómo evolucionan, cómo se alteran, cómo se adaptan los tumores. Hay consorcios que están estudiando algunos tumores células a célula. Otra revolución se viene con el estudio del epigenoma, la gramática que regula al lenguaje escrito en el genoma.

Despertamos al cáncer de su sueño de inmortalidad y nos acercamos al sueño de los oncólogos, el empujado por José Baselga, de tener modelos predictivos que les permitan calcular cuál es el mejor tratamiento. Desde que comenzamos los científicos a sentir que llegábamos a un punto de inflexión en la guerra contra el cáncer, que entrábamos en la década D de la Guerra contra el cáncer, leer ADN de un tumor en una muestra de sangre, la biopsia líquida, es cada vez más sensible y barato. Mediante análisis de sangre vamos a poder leer alteraciones genéticas y detectar tumores antes. Sabremos qué tratamiento poner. También podremos monitorizar los tumores, ver si funciona o no ese tratamiento. Pararlo y poner otro. Pero lo más importante será la detección temprana. Desplazando el diagnóstico a las etapas iniciales en algunos tumores aumentaríamos las curaciones en un 25%, más que cualquier nuevo tratamiento nuevo aparecido.

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